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El año pasado compré uno para mí y los pececitos se quedaron colgados en la ventana de la cocina todo el año. Ahora he comprado otro para mi hermana, que se para a mirarlos cada vez que viene a verme.
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Si los pececitos, puestos a contraluz, no son tan bonitos como en las fotos, escríbenos un email en un plazo de 45 días y te devolvemos todo el dinero. Sin formularios, sin preguntas.
Llevo veinte años recogiendo vidrio de mar en la playa. Este calendario me lo compré para mí, y cada mañana de diciembre ponía el pececito del día a contraluz en la ventana de la cocina, antes del café. Ahora están los 24 colgados ahí, y parece que el mar ha entrado en casa.
1 de diciembre. Abres la primera ventanita mientras se hace el café. El año pasado había un bombón, que desapareció antes de notar su sabor. Este año, detrás de la ventanita hay un pez payaso de vidrio, naranja y blanco, con un ganchito dorado en el lomo. Lo pones a contraluz frente a la ventana de la cocina y la luz de la mañana lo atraviesa.
A la mañana siguiente es un pez cirujano azul. Luego un pez globo, un caballito de mar, un tiburón. Veinticuatro mañanas después, en tu árbol nada todo el mar. Y cuando en enero se desmonta el árbol, los pececitos pasan a la ventana y se quedan ahí todo el año.
Una ventanita al día. Nada que envolver, nada que rellenar.
Detrás de cada ventanita hay un pececito de vidrio nuevo, y ninguno de los 24 es igual a otro.
Vidrio de mar esmerilado que cambia de color en azul, turquesa y naranja cuando le da la luz.
El ganchito dorado ya está en el lomo: el pececito va al árbol o a la ventana esa misma mañana.
En Nochebuena, 24 peces nadan en tu árbol, y después de las fiestas pasan a la ventana.
Conoces esos calendarios que a la semana ya están vacíos: un bombón, un detallito de usar y tirar, directo a la basura. Detrás de cada ventanita de este hay un pececito hecho a mano en vidrio de mar con su ganchito dorado. No se come y no se tira. En diciembre está en el árbol y el resto del año en la ventana, donde el sol le da y dibuja pequeños arcoíris en la pared.
Casi todos los regalos se abren una sola vez, en Navidad. Este se abre cada mañana durante todo diciembre. Para la madre que ya lo tiene todo, para la amiga con casa en la playa, para la suegra que guarda conchas en el alféizar. Cada mañana recibe un pequeño tesoro del mar, y cada vez que mire los pececitos en la ventana después de las fiestas, pensará en ti.
Creemos que los mejores regalos de Navidad son los que se conservan, no los que se comen antes del desayuno.
Elegimos el Calendario Peces de Vidrio de Mar para que cada mañana de diciembre empiece con un pequeño tesoro del mar, y la Nochebuena con un árbol lleno de peces. Si no es así, escríbenos un email y te devolvemos todo el dinero.
Las clientas cuentan que cada mañana ponen el pececito del día a contraluz en la ventana, y que en persona los peces son más bonitos que en las fotos. Muchas han comprado uno para su madre y otro para ellas, y muchísimas los mantienen colgados en la ventana incluso después de las fiestas. Alguna habría querido todavía más ventanitas.
El año pasado compré uno para mí y los pececitos se quedaron colgados en la ventana de la cocina todo el año. Ahora he comprado otro para mi hermana, que se para a mirarlos cada vez que viene a verme.
Me lo regaló mi hija por mi 60 cumpleaños. Quería esperar al 1 de diciembre, pero abrí la primera ventanita enseguida. Era un pez payaso, y al atardecer deja una luz naranja en la ventana.
Lo pedí para mí, pero sinceramente creía que las fotos estaban retocadas. Cuando levanté el primer pececito a contraluz me quedé sin palabras. Es idéntico al vidrio de mar que recojo en la playa cerca de la casa de la costa.
Lo compré para mí y no pude resistirme, ya tengo cinco ventanitas abiertas. Ahora en el salón tengo colgados un pez payaso y un pez cirujano azul. Cuatro estrellas solo porque ahora tengo que esperar al resto, y la culpa es toda mía.
Se lo compré a mi mujer el año pasado y este año me ha pedido otro para la casa de la playa. Creo que eso lo dice todo. Los peces del año pasado están en la ventana que da al mar y por la noche parece que nadan.
Compré dos, uno para mí y otro para mi amiga con la que paseo por el paseo marítimo todos los domingos. Hemos decidido mandarnos la foto del pez del día cada mañana de diciembre.
Mi nieta de seis años estaba aquí cuando abrí la caja. Quiere saber qué hay detrás de cada ventanita, así que ahora hacemos la cuenta atrás juntas con un dibujo pegado en la nevera.
Mi madre lleva más de 40 años recogiendo vidrio de mar y lo guarda en un bote grande en el alféizar. No pude esperar y le di el calendario antes de tiempo. Me dijo que es el regalo más bonito que le han hecho nunca.
Era escéptica, porque en la pantalla todo parece bonito. Lo compré igualmente para mí y en persona los colores son aún más intensos. Por la mañana el pez cirujano azul proyecta un reflejo turquesa sobre la encimera de la cocina.
Comprado como regalo para mi suegra, que tiene una casita en Cudillero. Lo único: me habría gustado una caja un poco más navideña, con algún adorno más, porque va a estar a la vista en la cómoda todo diciembre. Los pececitos, en cambio, son preciosos.
Mi mujer recoge conchas y vidrio de mar en la playa de aquí. Le daré el calendario el 1 de diciembre. Eché un vistazo a escondidas a una ventanita y es vidrio de verdad, que se ilumina si lo pones a contraluz en la ventana.
Tengo estantes llenos de vidrio de mar recogido en las playas de la costa murciana. Estos pececitos quedan estupendos con él, el mismo vidrio esmerilado y la misma luz que lo atraviesa. Lo compré para mí y no me arrepiento en absoluto.
Los pececitos del año pasado cuelgan en la ventana del salón desde enero y quien pasa se para a mirar. Ahora he comprado uno nuevo para mí y otro para mi vecina, que lleva todo el verano hablándome de ellos.
El año pasado abría las ventanitas con mi nieto por videollamada cada mañana, él en Barcelona y yo en Málaga. Este año he comprado uno también para él, así cada uno abre su ventanita en el mismo momento.
Mi mujer me enseñó el anuncio y yo dije que era demasiado bonito para ser verdad. Lo pidió para ella y me equivocaba. El vidrio es pesado y fresco en la mano, y el pez payaso tiene colores que no creía posibles en el vidrio.
Regalo para mi amiga que cumple 70 años en diciembre. Tiene una casita en la costa de Lugo y camina por la orilla cada mañana, todo el año. Ya sé dónde colgará los pececitos.
Me lo regaló mi marido el año pasado y ahora lo he comprado para mi hija. Mis pececitos siguen colgados en la ventana del baño, donde entra el sol de la mañana.
Pedí dos calendarios, uno para mi madre y otro para mi suegra. Viven en la misma calle y estoy segura de que cada mañana compararán los peces de un balcón a otro.
El calendario está vacío pero los pececitos siguen colgados en la ventana de la cocina. Cuando el sol está bajo, en enero, proyectan luz azul y naranja sobre toda la pared. Lo compré para mí y no pienso quitarlos.
Mi nieta y yo colgamos los 24 en la ventana después de Navidad. Cada vez que viene se pone ahí y me dice el nombre de cada uno. Su favorito es el pez globo.
Pececitos preciosos, pero me habrían gustado todavía más tiburones. El tiburón martillo y el tiburón ballena son los más bonitos de toda la colección. Ahora están todos en la ventana que da al puerto.
Creía de verdad que detrás de las ventanitas habría imágenes impresas. Cuando levanté el primer pececito a la ventana me quedé muda. Es vidrio de verdad y parece algo que podría encontrar en la playa.
Se lo compré a mi mujer como regalo de Navidad. Cada mañana abría una ventanita con el café y me leía el nombre del pez. Ahora están todos en la ventana del salón, y tengo que admitir que yo también los miro.
He pasado los pececitos del árbol a la ventana de la escalera. Por la tarde, cuando entra el sol, toda la escalera se vuelve turquesa. Los vecinos me han preguntado dónde los compré.
Se lo regalé a mi madre, que ha vivido toda la vida cerca del mar. Me llamaba cada mañana de diciembre para contarme el pez del día. Es el regalo más bonito que le he hecho nunca.
Abrí las ventanitas con los gemelos, mis nietos de cinco años. Se turnaban para ver a quién le tocaba abrir y yo les explicaba qué es un pez león. Ahora los pececitos cuelgan en la ventana de su cuarto.
Lo compré para mí después de un otoño difícil y se ha convertido en lo mejor de diciembre. Ahora los pececitos están en la ventana del dormitorio, y lo primero que veo por la mañana es el sol atravesando el vidrio.
En Nochebuena todo el mar colgaba de nuestro árbol. Los invitados pensaban que los pececitos eran vidrio antiguo de una galería. Yo no dije nada.
Lo compré para mí y habría querido más ventanitas, porque 24 mañanas pasan demasiado deprisa cuando una se divierte así. Los pececitos son preciosos, sobre todo la manta raya de un azul profundo.
Recojo vidrio de mar y he visto muchas imitaciones por internet, así que no esperaba gran cosa cuando lo compré para mí. Pero es vidrio esmerilado de verdad, de bordes suaves, justo como lo deja el mar tras años puliéndolo.
Montamos el árbol el 8 de diciembre, como cada año. El último pececito, un gran tiburón ballena, salió de la ventanita 24 en Nochebuena y mi nieta pudo colgarlo en lo alto del árbol. Fue el mejor momento de la noche.
Lo compré para mi suegra, a la que es difícil regalarle algo. En Nochebuena se sentó delante del árbol con los 24 pececitos y dijo que es el árbol más bonito que ha tenido nunca. Nunca le había oído decir algo así.
Feliz Navidad desde la montaña. He abierto la última ventanita esta mañana y ahora el árbol está lleno de pececitos que brillan a la luz de las velas. Mi marido dice que parece un acuario, y es un cumplido 🐠
Lo compré para mí y me ha hecho las mañanas mucho más bonitas. Me habría gustado que vinieran también ventosas, porque después de Navidad todos los pececitos irán a la ventana. Cuatro estrellas solo por eso.
Me lo regaló una amiga y cada mañana le mando la foto del pez del día. Hoy era el pez espada, que brilla en azul al sol de la mañana.
Lo compré para mí y es el primer calendario de Adviento que tengo en muchos años. Es mi momento con el café en la ventana de la cocina, antes de que se despierte el resto de la casa.
Temía que en internet pareciera más bonito que en casa. Pero los pececitos son aún más bonitos en persona. El pez ángel tiene rayas amarillas y azules que brillan cuando lo sostengo contra la lámpara.
Abro las ventanitas con mi nieta cada mañana antes de ir al cole. Ha puesto nombre a todos los peces y el pez globo se llama Burbuja.
Calendario precioso. Cuatro estrellas solo porque espero al caballito de mar desde el 1 de diciembre y todavía no ha salido. Mi paciencia está a prueba.
Compré dos, uno para mí y otro para mi hermana, que vive en Zaragoza. Abrimos las ventanitas juntas por teléfono cada mañana y luego discutimos cuál es el pez más bonito.
Me lo regaló mi hija. La caja es tan bonita que casi no quería abrirla, y detrás de cada ventanita hay un pececito con su ganchito dorado listo para colgar en el árbol. Cuatro estrellas porque me gustaría que hubiera también uno con pajaritos, lo compraría enseguida.
Lo compré para mi madre, que tiene 78 años. Ya no ve bien, pero los colores sí los ve cuando levanta el pececito hacia la ventana. Dice que es como tener el mar en el salón, junto al belén.
La tercera ventanita me dio una manta raya de un turquesa intenso. He puesto el calendario en el alféizar para que el sol dé en las ventanitas abiertas. Lo compré para mí y cada mañana me emociono como una niña.
Abuela y nieto cada mañana a las siete. Él tiene cuatro años y corre derecho al calendario antes incluso de ponerse los calcetines. El tiburón es el más guay, dice él.
Pececitos preciosos y caja preciosa. Tres estrellas porque esperaba que hubiera más peces naranjas, es el color que más destaca en mi ventana. Por lo demás, estoy contenta hasta ahora.
El segundo pececito era un pez cirujano azul. Mi marido pensaba que lo había recogido en la playa, de tan real que parece el vidrio. Compré el calendario para mí y lo tengo en la ventana.
Compré cinco, uno para mí y uno para cada amiga del grupo de costura. Tenemos un chat donde compartimos el pez del día cada mañana.
Primera ventanita hoy, un pez payaso que brilla de naranja bajo la luz de la cocina. Lo compré para mí y nunca me había emocionado así con un calendario de Adviento, y tengo 64 años ❤️

Tu reseña aparecerá en cuanto la hayamos vinculado a tu pedido. Para nosotros y para quien esté pensando en el calendario significa muchísimo.
24 pececitos de vidrio distintos, uno detrás de cada ventanita. Pez payaso, pez cirujano azul, pez león, pez ángel, pez globo, caballito de mar, atún, pez espada, tiburón, tiburón martillo, tiburón ballena, manta raya y otros 12. Ninguno es igual a otro.
Exactamente como en las fotos. Cada pececito está hecho a mano en vidrio de mar: superficie esmerilada, translúcida, con colores que cambian cuando les da la luz. Delante de una ventana brillan en azul, turquesa y naranja.
Cada pececito lleva su ganchito dorado en el lomo. Cuélgalo de una rama del árbol, de un hilo en la ventana o de una ramita en un jarrón.
No. Nada de chocolate ni de azúcar, solo 24 pececitos de vidrio para guardar.
Es el motivo por el que casi todas lo compran. El calendario llega en una caja de regalo que puedes regalar tal cual, y se abre cada mañana hasta Nochebuena. Para tu madre, tu suegra, una amiga o para ti.
Sí, junto a un adulto. Muchas abuelas abren la ventanita con sus nietos, y luego los pececitos se cuelgan en lo alto del árbol.
Casi todas los cuelgan en la ventana. Cuando el sol les da, dibujan pequeños arcoíris en la pared todo el año. La Navidad siguiente vuelven a salir junto con los demás adornos.
Claro. Uno para tu madre y otro para ti es el pedido más habitual. Varios calendarios en el mismo pedido viajan juntos.
Totalmente. Cada transacción está cifrada y gestionada por Shopify Payments. Puedes pagar con tarjeta, PayPal o Apple Pay.
Estás cubierta por nuestra garantía de devolución de 45 días. Escríbenos en un plazo de 45 días desde que recibas el calendario con tu número de pedido y te devolvemos todo.
Exactamente como en las fotos. Cada pececito está hecho a mano en vidrio de mar: superficie esmerilada, translúcida, con colores que cambian cuando les da la luz. Delante de una ventana brillan en azul, turquesa y naranja.
No. Nada de chocolate ni de azúcar, solo 24 pececitos de vidrio para guardar.
Sí, junto a un adulto. Muchas abuelas abren la ventanita con sus nietos, y luego los pececitos se cuelgan en lo alto del árbol.
Claro. Uno para tu madre y otro para ti es el pedido más habitual. Varios calendarios en el mismo pedido viajan juntos.
Estás cubierta por nuestra garantía de devolución de 45 días. Escríbenos en un plazo de 45 días desde que recibas el calendario con tu número de pedido y te devolvemos todo.
¡Excelente! 4,8/5 en 3.146 reseñas
Pedir fue sencillísimo y, cuando tuve una duda, me respondieron enseguida. Amables y claros.
El paquete venía muy bien embalado, todo en orden e idéntico a las fotos de la web. Una grata sorpresa.
Tenía algunas dudas porque no conocía la tienda, pero todo fue tal como prometían. El pago fue sencillo y seguro.
Se lo regalé a mi suegra y le encantó. Para ella fue el regalo más apreciado de todos.
Es la segunda vez que pido aquí. Todo como se describe en la web y una atención al cliente que hoy en día no es nada habitual.
Embalaje cuidado, pedido sencillo y una tienda que responde. Volveré a pedir.
Pulsa Pídelo ya y empieza diciembre con el mar. Si los pececitos en tu mano no son tan bonitos como en las fotos, es culpa nuestra, no tuya: un email y te devolvemos todo el dinero. El calendario sale en una sola edición al año y se agota antes de Navidad.
PÍDELO YAPulsa Pídelo ya y empieza diciembre con el mar. Si los pececitos en tu mano no son tan bonitos como en las fotos, es culpa nuestra, no tuya: un email y te devolvemos todo el dinero. El calendario sale en una sola edición al año y se agota antes de Navidad.
PÍDELO YA